sábado, 10 de septiembre de 2011

El saqueo de la educación pública

Un recorte en educación es una tragedia para un país como España, siempre en los últimos puestos del ránking europeo en rendimiento escolar. Lejos de buscar soluciones, se intenta profundizar aún más en el atraso. El recorte presupuestario en educación es todo un golpe en la espina dorsal de nuestro precario progreso. Se abandona a los menos pudientes como principio para llenar con dinero público las arcas de los centros privados. La Comunidad de Madrid hipoteca el futuro de la mayoría de nuestros chavales. Cuanto más estúpidos más dóciles, parecen pensar.
 
No había otro sito donde meter la tijera. Ni siquiera en el desmesurado presupuesto destinado a la propaganda institucionalHace falta tener la faz de hormigón para decir que el dinero se escapa por la vía de la educación. Y sentir una completa indiferencia por el futuro de este país. No se cómo se las apañan en Finlandia, siendo su sistema educativo completamente subvencionado, para no hundirse en el fango de la mediocridad. Va a ser que no son las subvenciones lo que entierra a España en los baremos educativos continentales.
 
Lamentablemente, la ideología puede más que el amor por la patria que la derecha siempre presume sentir. El dinero que le quitan a la educación pública es menos que en que percibe la privada vía exenciones fiscales y subvenciones directas. Así que no nos engañen. Es ideología, no es una búsqueda del bien común de sus conciudadanos. Y la ideología de Esperanza Aguirre persigue ahogar a la educación pública a base de retirarle cada vez más recursos, los cuales van a parar a centros privados, gestionados en gran medida, qué casualidad, por la Iglesia Católica.
 
Una ideología que puso de manifiesto la propia consejera de educación de la Comunidad de Madrid, Lucía Figar. En un encuento con una organización católica beneficiaria de los conciertos educativos declaró sin rubor cómo la CAM facilita el acceso al dinero público de colegios privados, con especial preferencia por los católicos. Incluso revela que la CAM les ha regalado suelo para edificar sus centros de enseñanza (pregunta retórica: ¿por qué lo llaman "educación católica" cuando quieren decir "adoctrinamiento"?). Esto tiene un nombre: saqueo de las cuentas públicas para beneficio de particulares. Pero es legal y se produce bajo el auspicio de la mayoría de madrileños, los cuales saludan estas políticas con su voto masivo. Están desangrando la educación pública poco a poco, la idea es que muera de anemia. ¿Es que no basta con comprobar las prioridades educativas que se gasta la lideresa?
 
Esta es la transcripción de la intervención de la consejera Figar. Los vídeos se encuentran en la página enlazada
 (las negritas son mías).

Lucía Figar: “Yo quisiera solo subrayar algunos aspectos importantes. Quisiera subrayar el factor común de todas las iniciativas, las reformas que hemos llevado a cabo, es decir, intentar ampliar los espacios de libertad o de aumentar las libertades educativas en nuestra región.

En primer lugar, hemos elegido mejorar el panorama de la educación en centros de gestión privada con fondos públicos, ampliar la oferta de plazas en las estructuras de este tipo dentro de la Comunidad de Madrid. Estos centros están sostenidos con el dinero público, con fondos de los gobiernos regionales, pero tienen gestión privada y por tanto tienen titularidad privada y son gestionados de modo privado. Nosotros hemos aumentado las plazas escolares ofreciendo estas plazas a centros que funcionaban como centros privados al 100%, en los que los padres tenían que afrontar el 100% de los gastos; hemos acogido también a nuevos centros que tenían algunas dificultades dentro del programa de centros concertados y desde hace 7 años hemos ofrecido ámbitos públicos, regionales o de ayuntamiento, lugares públicos para que cooperativas, centros religiosos,… puedan llevar adelante sus propios proyectos educativos con la ayuda y el soporte de los fondos públicos.

El problema también del lugar, del terreno, es un problema grave en España. Era un gran problema y nosotros hemos ofrecido estos lugares gratuitamente a organizaciones religiosas, cooperativas y otras estructuras para que crearan centros sostenidos con fondos públicos pero con gestión privada. Esto indica que en los últimos 6 años hemos abierto 79 centros nuevos de este tipo en la Comunidad de Madrid y hoy en día la proporción entre escuela pública, concertada y privada es esta: la escuela pública representa el 52% en nuestra región, la Comunidad de Madrid, la escuela concertada el 33% y la escuela al 100% completamente privada cerca del 15%.Dentro de estos centros, entre comillas, “concertados”, más de 2/3 ofrecen educación católica. Comunión y Liberación gestiona dos centros; C.L. gestiona 2 centros, por lo tanto yo pienso que estos dos centros pueden ser más en futuro obviamente, no sólo quedarse en dos “(aplausos).

(Lucía Figar)”La escuela católica ha sido ejemplar en el responder a muchas demandas de los padres y, además, la escuela católica ha sido ejemplar a la hora de afrontar la disminución del número de sacerdotes en las escuelas. Es ya realidad, no solo una promesa, poder observar la eficacia con la que profesores laicos están asumiendo proyectos educativos de la escuela católica. La Iglesia en España ha hecho grandes esfuerzos con el fin de formar docentes laicos que asumen su encargo identificándose plenamente con el carisma y el ideal de las instituciones religiosas respectivas. Son responsables del proyecto educativo. Se ha visto un esfuerzo material, espiritual y personal de muchas religiosas y religiosos de la Iglesia católica, de las escuelas católicas en general; esto nos ha permitido en esta fase de expansión de centros concertados en España que muchos de los proyectos nuevos estén en manos de religiosos laicos y que muchos más niños puedan recibir la educación católica en nuestra región.”

jueves, 8 de septiembre de 2011

De profesores vagos y ciudadanos mediocres

Va siendo hora de afrontar con entereza algunas realidades que, a mi juicio, caracterizan a éste nuestro país. Una de ellas es que si España no tiene remedio, como he afirmado otras veces, es algo que tenemos que agradecer a la fauna que lo habita. Uno se da cuenta cuando caza al vuelo determinadas conversaciones de ciudadanos anónimos acerca de temas de actualidad política o social. El típico sentenciar junto a la barra del bar, con chato de vino delante y palillo entre los dientes.

Ayer escuché una conversación a cuento del recorte practicado en las políticas de educación por la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, y que tan airada protesta ha suscitado entre la comunidad educativa madrileña. Los dos contertulios de marras se mostraban furibundos contra el gremio de la enseñanza, a cuyos miembros tildaban, más o menos explícitamente, de vagos, mimados y privilegiados.

Los argumentos eran tan potentes como retrotraerse 20 o 30 años atrás y recordar que, en aquella época, los profesores lidiaban con aulas de 40 alumnos (justificando así el aumento de ratio de alumnos por clase) y mantenían su autoridad, siendo que ahora les toman por el pito del sereno (que debe ser culpa de los enseñantes). Que antes se encargaban de impartir diferentes asignaturas (no diferenciando entre maestro y profesor, of course), con la acumulación de horas que conlleva, sin afectar a su profesionalidad (ejem...) mientras que ahora la especialización resta más que sumar y, al parecer, es intrínsecamente mala.

Venían a sugerir que los colegios actuales son focos de delincuencia en los que las agresiones a docentes son práctica común. Por supuesto, el conocimiento de un solo caso les llevaba a generalizar, cosa que, parece, no es posible en el supuesto contrario. Los profesores, según esta conversación, no tienen nada más que hacer cuando terminan una clase ya que al haber uno por asignatura se tiran el resto del tiempo holgazaneando. Vivir de puta madre con cargo al presupuesto público y con unas vacaciones dignas de reyes fueron lugares comunes que también tuve la ocasión de oir. No se hizo mención alguna al tiempo destinado a la actividad no lectiva.

Llegados a un punto, decidí intervenir. Hablé de la preparación de clases, la corrección de exámenes, las clases de apoyo, las tutorías o la formación. Dio igual. Es algo que, al parecer, no existe, y lo que no existe no es merecedor de tiempo y esfuerzo. Llegué a escuchar que se puede opositar tanto a la enseñanza pública o a la privada (¡!), o que en la segunda se trabaja más ganando menos que en la primera (y hasta de un caso en el que, se dijo, alguien abandono la pública, después de cinco años opositando... para irse a la privada, ¡con ese panorama!). Así, como dogma de fe y sin mayores planteamientos ni demostraciones. En ese momento concluí que poco había que hacer ahí.

Un debate de altura, ¿eh? No me digan que no están impresionados. Es un ejemplo de desinformación, ignorancia y también, claro que sí, de ese sempiterno pecado capital patrio que es la envidia, todas ellas cualidades que durante tantos años han forjado el carácter del español medio. ¿Se imaginan que este sea un sentir generalizado en la sociedad española? Porque a mí no me cuesta imaginarlo.


Repasemos el cuadro: resulta que un gobierno regional de Madrid efectúa un recorte presupuestario que reduce notablemente las prestaciones de la enseñanza pública, y en lugar de producir una indignación cuasi completa entre la ciudadanía, en vista de que la educación es la mayor inversión de futuro para una comunidad, hay un cierto número de personas, que yo no me atrevería a calificar de pequeño, a quienes el cuerpo les pide cargar contra los profesores. A muchos no parece entrarles en la mollera que las principales víctimas de precarizar un servicio público tan esencial es al alumnado, los escolares, los hijos de todos los que apuestan por la educación pública, que son la mayoría. La cortedad de miras de mis conciudadanos a veces me produce espasmos.

¿Cómo va a ser bueno volver a prácticas de hace tres décadas? ¿Desde cuando retroceder es positivo en educación? Volvamos pues a los castigos corporales... No, los profesores se quejan sin motivo, y como son unos consentidos y unos privilegiados que no merecen su suerte (traducción: rabio de envidia por no disfrutar de esa atención y esos privilegios) entonces que se jodan y se aguanten. Total, no va a haber más perjudicado que ellos... Eso parece pasarles por la cabeza a esta clase de sujetos. Y el responsable de la poda, de rositas.

En España reina la mediocridad, y especial mención merecen aquellos que nos tratan de igualar a todos por abajo. Según su razonamiento, si alguien ha conseguido cierto status profesional, es él quien debe rebajar sus expectativas, no sea que provoque malestar entre la mezquindad reinante. En lugar de buscar que su ejemplo sirva como estímulo para los demás, se le señala y se le rebaja. En el momento en que alguien destaca se hace más evidente la vulgaridad que le rodea, y el mediocre cobra aún más conciencia de su propia necedad. La reacción suele ser disparar contra quien le recuerda su triste condición.


El mediocre siempre querrá ver descendido a su nivel al mejor situado y preparado en lugar de intentar alcanzarle, no digamos superarle. No se perdona al que triunfa (entendiendo como triunfo, en este contexto, la consecución de unas buenas condiciones de trabajo, ya ven...). Nada contenta más al mediocre, porque así su inanidad pasa más desapercibida, que verse rodeado de la misma mediocridad. Nada... salvo hundir al que destaca.

Ocurrió con los controladores aéreos y ahora se repite el episodio de envidia social con los profesores. El mediocre lo tiene muy fácil: cúrrese usted una oposición, estudie sin parar durante varios años sin otra espectativa vital en el horizonte, y logre una plaza. Luego ejerza su labor a ver si logra comprender por qué el gremio de profesores es uno de los más bajas por depresión solicita. Pero sin quejarse, eh. ¿A qué espera?

Este tipo de ciudadano no es que no tolere el privilego ajeno: lo que no soporta es no ser partícipe de ello. Pero si carece de la actitud, constancia, entrega y aplomo necesarios para conseguir lo que tanto critica cuando es patrimonio de otros, no es culpa de los profesores. Su mediocridad es únicamente responsabilidad suya, pero no es algo que, por descontado, esté dispuesto a admitir. Ya sabemos, es más fácil cargar contra el que ha demostrado superiores aptitudes que mejorar las propias.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Federico García Lorca, vigente 80 años después

Alocución de Federico García Lorca al pueblo de Fuente Vaqueros (Granada) en septiembre de 1931 al inaugurar la biblioteca del pueblo:



"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí.
«Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía.
Esta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
"Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos.

Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan.
Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
"Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento.
Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
"¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras.

Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!».

Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón.
Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

"Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser : «Cultura».
Cultura porque sólo a través de ella, se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz".
A punto de cumplirse 80 años de aquel discurso, y ante los embates que sufre la educación pública por parte del conservadurismo patrio, podemos afirmar que su vigencia permanece intacta.

viernes, 2 de septiembre de 2011

John Adams o la recuperación de una importante figura histórica

Acabo de terminar el visionado de la miniserie de siete capítulos de la cadena HBO "John Adams", basada en la vida y obra del segundo presidente de los Estados Unidos de América, descrita en un libro de David McCulloch. Es habitual que cuando se citan personajes ilustres que protagonizaron la independencia de los USA sean Thomas Jefferson, como principal inspirador de la declaración de independencia, y George Washington, como héroe de la guerra contra la corona británica y, a la postre, primer presidente, los personajes más renombrados. Incluso Thomas Paine, ideólogo de la independencia aunque no participara en la redacción de la declaración, parece gozar de mayor reconocimiento. Esta serie, emitida en 2008, quizá viene a paliar ese pequeño vacío histórico en torno al que también fuera primer vicepresidente de la nación norteamericana.

La serie está protagonizada por secundarios de lujo de la industria del cine usamericana: Paul Giamatti como John Adams; Laura Linney como su esposa, Abigail; David Morse como George Washington; Tom Wilkinson en el papel de Benjamin Franklin, entre otros. La historia narra el acontecer de John Adams desde que era un simple pero respetado abogado en su Massachussets natal, comprometido con la causa de la verdad aunque le llevara a defender a los ya por entonces impopulares soldados británicos, hasta su misma muerte. Empieza precisamente con el episodio violento conocido como la masacre de Boston, en el que un destacamento británico es acusado de disparar a unos alborotadores de forma indiscriminada. Adams aceptó la defensa de los soldados ganándose así la reputación de imparcial e íntegro, cuando lo fácil hubiera sido añadir la suya a la animadversión general suscitada por la presencia militar británica. Este suceso captó la atención del Consejo Continental (precedente del primer Congreso constitucional). Poco a poco, fue escalando puestos en el engranaje político de la colonia al tiempo que iba avistando la separacion de la metrópoli como un fin al que se había de llegar más temprano que tarde. Podríamos afirmar que fue uno de los primeros patriotas convencidos que tuvo su país ya que,
 despojándose de todo pragmatismo, siempre vislumbró la independencia como el desenlace último de sus anhelos políticos como ciudadano.

Algo que destacaría es que, lejos de parecer una hagiografía, la serie destaca aspectos poco virtuosos del carácter de Adams. Si bien aparece como un hombre cumplidor y leal en lo relacionado con su vida política, en la faceta personal se nos muestra como un padre distante y poco amoroso con sus hijos, a los que deja durante largos periodos de tiempo a cargo exclusivamente de su madre. A ésta se la describe como completamente subordinada a las decisiones de su marido, las cuales le causan no pocos momentos de angustia. No obstante, queda significada la crucial importancia que su apoyo y entereza tuvo para su esposo, abiertamente reconocida por él. También se acentúa el carácter vanidoso de Adams, quien conocedor de su solvencia intelectual no duda en hacer gala de ella sin importarle la distancia que con ello marca con los demás. A duras penas consigue reprimir su inmodestia natural, fielmente aconsejado por su mujer, su principal aliento y consuelo.

Soy consciente de que no se pueden juzgar acontecimientos pasados desde un prisma actual, pero me llamó la atención cómo, en uno de los capítulos, su yerno le afea en una ocasión, al ser rechazada su petición de recomendación, el hecho de que John Adams se las apañara para intentar colocar a sus hijos varones, ya fuera en la política o en la abogacía. A su hijo mayor, John Quincy, le sirvió de trampolín para terminar convirtiéndose en el sexto presidente de los USA. ¿Podemos llamar a esto nepotismo? Como digo, es complicado referirse al pasado basándonos en valores actuales.

Hacia el final de la serie se enfatiza en la amistad que sostuvo con Thomas Jefferson (interpretado por el menos conocido Stephen Dillane), relación cuya solemnidad se trasluce del intercambio epistolar mantenido ya cuando ambos se encontraban en la vejez. Jefferson derrotó a Adams tras finalizar el mandato de este, en el que aquel fue vicepresidente, y ambos mantuvieron importantes discrepancias durante ese periodo. Sus relaciones fueron especialmente tensas al rehusar Adams prestar ayuda a Francia en su guerra contra Gran Bretaña, algo que sentó muy mal en el país europeo y a sus simpatizantes, entre los que Jefferson se encontraba. Pesaba el hecho de que Francia había sido un valioso aliado de los USA en la guerra de la independencia contra el Imperio Británico. Aquí el presidente ya era objeto de ese pragmatismo que atrapa a los gobernantes y que, a veces, soslaya la ética en favor de los intereses, la llamada realpolitik. Precisamente, evitar la guerra con Francia es lo más valorado de su presidencia.

La tragedia se cebó en la familia de John Adams una vez retirado de la vida política. Su hijo Charles murió alcoholizado, su hija Nabby de cáncer de mama, y su mujer, Abigail, de fiebre tifoidea. Adams murió el día del 50 aniversario de la independencia, solo unas horas después de que lo hiciera Thomas Jefferson, a los 90 años.



En resumidas cuentas, me ha parecido una gran serie, de hecho, ha recibido numerosos premios. No hablaré del trabajo de los actores ya que tengo por costumbre no hacerlo cuando no les he escuchado con sus voces originales. La ambientación está bien conseguida y las caracterizaciones muy logradas, con el pero de no haber conseguido un aspecto de vejez más verosímil en el último capítulo. Su fidelidad histórica se la dejo a los profesionales del ramo, pero lo narrado se asemeja mucho a lo que podemos encontrar en Wikipedia.